NIHILISMO HISTÓRICO Los Revolucionarios Rusos

Nihilismo en la Rusia Imperial

Contexto Histórico

Tiempos Severos – Medidas Severas

La Revolución de Nechayev

Manifiesto Ateísta

Miguel Bakunin


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Los Revolucionarios Rusos

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Aunque el nihilismo es casi siempre pensado como un concepto vago relegado al ruedo de la filosofía o quizás como la inevitable conclusión al pensamiento posmodernista, el nihilismo sí tiene un fuerte trasfondo histórico que merece un mayor reconocimiento. La más importante manifestación del nihilismo en la reciente historia también coincide con su más activa y organizada expresión, aquella de los revolucionarios rusos nihilistas que subieron a la prominencia en los años 1860.

Los nihilistas rusos (la palabra rusa para nihilista es nigilist) tienden a ser asociados con la violencia, revolución y actos terroristas como el asesinato del Zar Alejandro II por el grupo ‘La Voluntad del Pueblo’. Estudiante-nihilista por Ilya Repin, 1883.Pero aunque los actos violentos son documentados en los libros de historia casi siempre el impacto duradero es llevado acabo a través de las ideas e identidades no violentas. Los nihilistas rusos fueron intrigantes con respecto a esto porque su historia es como la de un témpano de hielo –sólo una pequeña porción de su carácter total es visible fácilmente. De hecho, muchos de los actos violentos asociados con el derrocamiento atentado a la monarquía ocurrieron bajo los auspicios de otros grupos como los anarquistas, marxistas y populistas narodistas en los años 1870, en vez de aquellos directamente asociados con los propios nihilistas que eran mucho más complejos que los esquemáticos etiquetamientos de ‘terrorista’ adjuntados a ellos por las autoridades autocráticas.

El Nihilismo no era tanto un cuerpo de creencias y programas formales (como el populismo, liberalismo, marxismo) como era un agrupamiento de actitudes y valores sociales, y un conjunto de comportamientos afecta-modales, vestimenta, patrones de amistad. En resumen, era el espíritu de su era. [2]

Contexto Histórico

Para poder comprender quienes eran los nihilistas rusos primero tenemos que entender en contra de qué pelearon y por qué. Europa en el siglo 19 fue un tiempo de cambios dramáticos políticos, económicos y sociales. La industrialización creó disparidades de riquezas fantásticas y clases enteramente nuevas de personas mientras el viejo sistema de poder aristocrático se transformaba en uno plutocrático. Las ciudades crecieron rápido y los estilos de vida tradicionales agrarios fueron diezmados en favor de la apretada vida urbana de esclavitud salarial. La Rusia imperial experimentó muchos de estos difíciles cambios pero los eventos casi siempre tomaban un carácter más extremo que los de Europa Occidental, y el desarrollo social para Rusia siempre ha sido tanto doloroso como lento.

‘Poniendo a un propagandista bajo arresto’, por Ilya Repin, 1880-1892Todos los monarcas rusos más prudentes se dieron cuenta que su sistema de servidumbre, con una estructura social de los privilegiados existiendo a costillas de los muchos, no era sostenible y terminaría en rebelión sangrienta tarde o temprano. El problema era implementar reformas que fueran tanto efectivas como políticamente realistas. Pero a mediados del siglo 19 las fuerzas de represión del estado junto con la larga duración del problema habían ya creado una situación tan intolerable que arreglar el sistema a través de reforma era esencialmente imposible. La única respuesta razonable a esta clase de situación es aquella del nihilismo, la única manera de vivir era el destruir. Rusia se había convertido en un país sofocante, atrasado, dirigido por una clase gobernante de élites crecidos fabulosamente ricos a través de la extracción rampante de recursos naturales. El gobierno ruso se había vuelto completamente desconectado de sus súbditos, y nueva información, y nuevas ideas fueron imposibles de prevenir que se colaran al país de la escena social caldeada y burbujeante en Europa Occidental. Ni tan siquiera un brutal y violento estado policial pudo parar a los nihilistas, a otros revolucionarios dedicados o el inevitable resultado del conflicto.

Los huevos incrustados de joyas conocidos como Fabergé fueron una emblemática expresión de la riqueza imperial rusa de finales del siglo 19, y de una sociedad grotescamente distorsionada donde la monarquía podía comisionar docenas de estos huevos mientras el público en general trabajaba, y se moría de hambre.

El corazón del nihilismo ruso se trataba sobre con los fracasos del pasado y de elaborar una nueva identidad. Este era el significado de la frase ‘Padres e Hijos’ usada en aquel tiempo y recordada hoy en la novela de Turgenev del mismo nombre.

Mientras que los “padres” crecieron en filosofía idealista alemana y romanticismo en general, con su énfasis en lo metafísico, religioso, estético y aproximaciones históricas de la realidad, los “hijos”, dirigidos por tales jóvenes radicales como Nicolás Chernyshevsky, Nicolás Dobroliubov y Dmitrii Pisarev alzaron la bandera del utilitarismo, positivismo, materialismo y especialmente “realismo”. “Nihilismo” –y también en gran parte “realismo”, particularmente “el realismo crítico”– significaba sobre todas las cosas una rebelión fundamental en contra de los valores y estándares aceptados: en contra del pensamiento abstracto y del control familiar, en contra de la poesía lírica y disciplina escolar, en contra de la religión y la retórica. Los fervientes hombres y mujeres jóvenes de los años 1860 querían cortar a través de toda apariencia educada, el deshacerse de toda farsa convencional, para llegar al fondo de las cosas. Lo que usualmente ellos consideraban real y valioso incluía las ciencias naturales y físicas –ya que esa era la época cuando la ciencia vino a ser enormemente admirada en el mundo occidental– relaciones humanas simples y sencillas, y una sociedad basada en el conocimiento y la razón en vez de en la ignorancia, prejuicio, explotación y opresión. [1]

Esto se trataba de la destrucción de ídolos, sobre la quema de lo inservible de la sociedad. Y los nihilistas rusos fueron bastante revolucionarios especialmente dado el contexto del tiempo y la localización en donde existieron porque incluyeron secciones de la población que habían tenido poca, si alguna, representación anteriormente. Las mujeres, por ejemplo, jugaron un papel clave e incluyeron algunos de los más motivados y carismáticos personajes de la época como Vera Figner y Sofía Perovskaia. “Si las feministas querían cambiar partes del mundo, las nihilistas querían cambiar el mundo como tal, aunque no necesariamente a través de acción política”. [3] La palabra rusa para una fémina nihilista es nigilistka.

Es importante señalar que el espíritu nihilista de ese tiempo era ante todo individualista y no siempre políticamente revolucionario; algunas actitudes nihilistas radicales excluían orientación ideológica o política. “Mientras el nihilismo emancipaba a los jóvenes rusos radicales de cualquier filiación al orden establecido, era, para repetir el punto, individual más que social por su misma naturaleza y carecía de un programa positivo –Ambos, Pisarev y el héroe de Turgenev, Bazarov murieron jóvenes”. La vestimenta, actitud, estilo de comunicación, todos fueron porciones del nuevo punto de vista nihilista. El estilo de ropa buscaba la funcionalidad y la utilidad sobre la moda frívola. La ‘sublevación en el vestir’ de las nigilistka iba algo así:

Una de las más interesantes y ampliamente comentadas características de las nigilistka era su apariencia personal. Descartando las “muselinas, listones, plumas, sombrillas y flores” de una dama rusa, la arquetípica muchacha de la creencia nihilista en los años 1860 vestía un sencillo traje oscuro de lana, que caía derecho y suelto desde la cintura con puños y cuello blancos como sus únicos embellecimientos. El pelo era cortado corto y llevado recto, y la que lo llevaba frecuentemente adoptaba el uso de gafas oscuras. [4]

La moda nigilistka trataba de algo más que sólo rebelión juvenil contra la moda burguesa porque en vez de simplemente contradecir las formas establecidas ésta terminó creando su propia identidad. El razonamiento detrás de mucho de esto se trataba del autohabilitamiento. “La maquinaria de la atracción sexual a través de la apariencia externa que llevaba a la esclavitud fue descartada por la nueva mujer cuyo credo nihilista le enseñaba que ella tenía que hacer su camino con conocimiento y acción en vez de artimañas femeninas”. [4] Aún más profundo que cambios en la apariencia superficial existía una nueva y bastante profunda realización, porque la nigilistka entendía que la vida tenía que ser definida internamente y no solamente por autoridades o valores externos. “Para establecer su identidad, ella necesitaba una causa o un “camino”, en vez de sólo un hombre”. [4] Una interesante desviación de la norma también ocurrió en el estilo de comunicación. “La típica nigilistka, como su camarada masculino, rechazaba la hipocresía convencional de las relaciones interpersonales y tendía a ser directa al grano hasta el punto de la grosería”… [4]

Tiempos Severos Requieren Medidas Severas

Viendo sus esfuerzos por un cambio social sólo ser recibidos con brutalidad policiaca y represión incrementada por la despótica autoridad, los revolucionarios revalorizaron sus tácticas. Pedro Tkachev y Sergio Nechayev fueron dos que sintieron que los tiempos severos requerían medidas severas. –La revolución estaba sólo empezando.

Varios años de conspiración revolucionaria, terrorismo y asesinato siguieron. Los primeros casos de violencia ocurrieron más o menos espontáneos, algunas veces como contramedidas contra los brutales oficiales de la policía. De este modo, temprano en el 1878 Vera Zasulich disparó e hirió al gobernador militar de San Petersburgo, el general Teodoro Trepov, que había ordenado azotar a un preso político; un jurado falló en declararla culpable, con el resultado de que los casos políticos fueron retirados del procedimiento judicial regular. Pero en breve emergió una organización la cual puso al terrorismo conscientemente en el centro de sus actividades. La sociedad conspiratoria revolucionaria “Tierra y Libertad”, fundada en 1876, se dividió en 1879 en dos grupos: la “División Negra”, o “Repartición Total de Tierra”, que enfatizaba gradualismo y propaganda, y la “Voluntad del Pueblo” la cual montó una ofensiva terrorista a gran escala contra el gobierno. Los miembros de la “Voluntad del Pueblo” creían que, porque por la naturaleza altamente centralizada del estado ruso, unos pocos asesinatos podían causar tremendo daño al régimen, como también proveer la instrucción política requerida para la sociedad educada y las masas. Seleccionaron al emperador, Alejandro II, como su blanco principal y lo condenaron a muerte. Lo que siguió ha sido descrito como una “caza de emperador” y en ciertos modos desafía la imaginación. El comité ejecutivo de la “Voluntad del Pueblo” incluía sólo alrededor de treinta hombres y mujeres, dirigidos por tales personas como Andrew Zheliabov que provenía de los siervos y Sofía Perovskaia que provenía de la clase administrativa más alta de Rusia, pero que luchó al imperio ruso. [6]

Después del asesinato para el Zar, algunos empezaron a cuestionar la utilidad estratégica de la violencia escalada pero pocas alternativas existían en el entorno opresivo de la Rusia imperial. Los monarcas posteriores Alejandro III y Nicolás II sólo se hicieron más reaccionarios y de mentalidades cerradas mientras que a la misma vez anulaban hasta las mínimas libertades públicas. “El homicidio y la horca cautivaron la imaginación de nuestra gente joven; y mientras más débiles sus nervios y más opresivo su ambiente, mayor era su sentido de exaltación al pensar en el terror revolucionario”. –Vera Figner [5]

[B]
Vera Zasulich, Vera Figner y Sofía Perovskaia
“Perovskaia y sus camaradas representan un fenómeno único en la historia social europea del siglo 19”. [8]

Los nihilistas rusos fueron listos, dedicados y poseían una tenacidad que era incomparable. Estos eran revolucionarios que estaban muy conscientes de la naturaleza del sistema político con el cual estaban en conflicto pero como quiera aún fallaron en adquirir dos elementos críticos. Ya que como no tenían ningún programa social constructivo cohesivo los nihilistas carecían de sostenibilidad estratégica de su movimiento revolucionario. Aunque lograron su objetivo táctico de asesinar a las figuras de autoridad del nivel superior su objetivo más amplio de adquirir mayor libertad de movimiento e ideas todavía se mantenía esquivo. Parece que la escala de tiempo necesaria de su lucha era más larga que lo anticipado y la naturaleza atrincherada del sistema, y la cultura de miedo, y el servilismo a los gobernantes autocráticos en la cual descansaba fue mucho más profunda que lo realizado; 1,000 años de tradición simplemente no pueden ser lanzados en una década. Pero como el programa social es secundario a los planes inmediatos, en un sentido mayor, yo pienso que el problema primario afectando a los revolucionarios rusos del siglo 19 La Reunión Revolucionaria, por Ilya Repin, 1883 tuvo que ver más con limitaciones de comunicación que cualquier otra cosa, porque tenían casi todo a favor de ellos excepto en números. Careciendo de la habilidad para alcanzar al público ruso excepto en escala menor hizo que una sublevación amplia, y coordinada, fuera prácticamente imposible. La tecnología de publicación era fácil de controlar para los regímenes déspotas mientras que la radio y la imprenta barata no habían llegado a generalizarse en uso hasta principios del siglo 20.

Aunque la violencia política pudo haber tenido un valor estratégico cuestionable el cambio cultural en puntos de vista, actitudes e ideas hizo contribuciones importantes que duraron mucho después de que los nihilistas rusos mismos habían dejado la escena. 06.12.03

Así eran los verdaderos nihilistas, los destructores, que no se molestaron sobre qué iba a ser construido después de ellos. Ellos no rechazaron exactamente todo, porque creían firmemente, fanáticamente, en la ciencia y en el poder de la mente individual. Pero pensaban que nada más merecía el más mínimo respeto, y atacaban y se burlaban de la familia, religión, arte e instituciones sociales y mientras más vehementemente, en más alta estima eran tenidos en la opinión de sus compatriotas. – Sergio Stepniak  De: Sergio Stepniak sobre el Nihilismo y Narodismo [Extraído de Sergio Stepniak, “Nihilismo” en Los Grandes Eventos por Famosos Historiadores, vol. 19 (n.p.: El Alumno Nacional, 1914), pp. 71-85]

Referencias

A) Una Historia de Rusia, sexta edición, por Nicolás V. Riasanovsky, Imprenta de la Universidad de Oxford 2000.

B) El Movimiento de Liberación Femenina en Rusia – Feminismo, Nihilismo y Bolchevismo 1860-1930, por Ricardo Stites, Imprenta de la Universidad de Princeton, 1978.

 

  1. Referencia A pg. 381
  2. Referencia B pg. 99-100
  3. Referencia  B pg. 101
  4. Referencia  B pg. 104
  5. Referencia B pg. 146
  6. Referencia A pg. 384
  7. Referencia A pg. 448
  8. Referencia B pg. 153

El Catecismo de Nechayev

Hay notables diferencias entre la situación cultural y política de la Europa de fines del siglo 19 y nuestro mundo del siglo 21. El peso de la autoridad opresiva no es tan siquiera tan aplastante hoy como antes, especialmente en comparación con la Rusia Zarista. La situación para las masas era tan sombría como para hacer de la muerte por la violencia más atractiva que una vida en esclavitud; América no es una Palestina y California no es la Franja de Gaza, si entiendes lo que digo.

La severidad de la acción revolucionaria tenía que ser apareada con la falta de libertad para expresar ideas objetoras dentro de la región de operaciones. De otra forma sólo serías sacado del medio por el rechazo público y la reacción policial. Afortunadamente, hoy tenemos muchas herramientas (pacíficas) que ellos no tenían.

La tenacidad de Sergio Nechayev era admirable y su metodología acumula puntos por intentar el tratar más que sólo la infraestructura física tan típico del Marxismo y otras “revoluciones” unidimensionales. Y como nada más, ‘El Catecismo’ ciertamente provocó debates y generó entusiasmo por el esfuerzo revolucionario. – Freydis 17.05.02


‘Catecismo de un Revolucionario’ Por Sergéi Necháyev, 1869

PRINCIPIOS POR QUE DEBE SER GUIADO EL REVOLUCIONARIO EN LA ACTITUD DE LO REVOLUCIONARIO HACIA SÍ MISMO

1. El revolucionario es un hombre dedicado. No tiene intereses propios, sin asuntos, sin sentimientos, sin apegos, sin pertenencias, ni siquiera un nombre. Todo en él es absorbido por un sólo interés exclusivo, un sólo pensamiento, una sola pasión - la revolución.

2. En lo más profundo de su ser, no sólo con palabras sino también con hechos, ha roto todo vínculo con el orden civil y el mundo entero culto, con todas sus leyes, propiedades, convenciones sociales y sus reglas éticas. Es un enemigo implacable de este mundo, y si continúa viviendo en él, es sólo para destruirlo más eficazmente.

3. El revolucionario desprecia todo doctrinarismo y rechaza las ciencias mundanas, dejándolas a las futuras generaciones. Él sabe de una sola ciencia, la ciencia de la destrucción. Con este fin, y este fin solamente, va a estudiar mecánica, física, química y tal vez medicina. Con este fin estudiará de día y de noche la ciencia viva: las personas, su carácter y sus circunstancias, y todas las características del presente orden social en todos los niveles posibles. Su propósito único y constante es la destrucción inmediata de este orden infame.

4. Desprecia la opinión pública. Desprecia y aborrece la ética social existente en todas sus manifestaciones y expresiones. Para él, todo lo que es moral asiste al triunfo de la revolución. Inmoral y criminal es todo lo que se interponga en su camino.

5. El revolucionario es un hombre dedicado, sin piedad hacia el Estado y hacia el conjunto de la sociedad educada y privilegiada en general; y no debe esperar ninguna piedad de ellos tampoco. Entre él y ellos existe, declarado o no declarado, una guerra incesante e irreconciliable para la vida y la muerte. Debe disciplinarse para soportar la tortura.

6. Duro consigo mismo, tiene que ser duro con los demás también. Todas las emociones tiernas y afeminadas de parentesco, amistad, amor, gratitud y hasta el honor deben ser ahogadas en él por una pasión fría y decidida por la causa revolucionaria. Sólo existe para él un placer, un consuelo, una recompensa y una gratificación - el éxito de la revolución. Día y noche deberá tener un sólo pensamiento, un sólo objetivo - la destrucción sin piedad. En la búsqueda incansable y a sangre fría de este objetivo, debe estar preparado tanto para morir y para destruir con sus propias manos todo lo que se interpone en el camino de su realización.

7. La naturaleza del revolucionario verdadero no tiene lugar para ningún romanticismo, sentimentalismo alguno, éxtasis o entusiasmo. No tiene lugar ni para el odio o la venganza personal. La pasión revolucionaria, lo que en él se convierte en un estado habitual de la mente, debe en todo momento ser combinada con el cálculo frío. Siempre y en todas partes él no debe ser lo que los impulsos de sus inclinaciones personales quieren que sea, sino lo que el interés general de la revolución prescribe.

LA ACTITUD DEL REVOLUCIONARIO HACIA SUS COMPAÑEROS EN REVOLUCIÓN

8. El revolucionario considera su amigo, y está muy interesado solamente, en una persona que ha demostrado en la práctica ser tan revolucionario como él mismo. La extensión de su amistad, su entrega y otras obligaciones hacia su compañero se determina sólo por su grado de utilidad en el trabajo práctico de la destrucción revolucionaria total.

9. La necesidad de solidaridad entre los revolucionarios es evidente. En eso se encuentra toda la fuerza del trabajo revolucionario. Camaradas revolucionarios que posean el mismo grado de conciencia revolucionaria y pasión, en la medida de lo posible, deben tratar todos los asuntos importantes juntos, y llegar a decisiones unánimes. Pero en la implementación de un plan decidido de esta manera, cada hombre en la medida de lo posible debe confiar en sí mismo. En la realización de una serie de acciones destructivas cada hombre debe actuar por sí mismo, y recurrir a los consejos y la ayuda de sus compañeros sólo si es necesario para el éxito del plan.

10. Cada compañero debe tener a su cargo varios revolucionarios de la segunda o tercera categoría, es decir, compañeros que no están completamente iniciados. Él debe considerarlos como partes de un fondo común de capital revolucionario, puesto a su disposición. Debe gastar su parte del capital económicamente, tratando siempre de obtener el máximo beneficio posible de ello.

Él mismo se debe considerar como capital consagrado al triunfo de la causa revolucionaria; pero como capital del que no puede disponer de forma independiente, sin el consentimiento de toda la compañía de los camaradas plenamente iniciados.

11. Cuando un compañero se meta en problemas, el revolucionario, al decidir si debe ser rescatado o no, nunca debe pensar en términos de sus sentimientos personales, sino sólo en el bien de la causa revolucionaria.

Por lo tanto deben equilibrar, por un lado, la utilidad del compañero, y por el otro, la cantidad de energía revolucionaria que se gastaría necesariamente en su liberación, y se deben conformar con la que sea la consideración de más peso.

LA ACTITUD DEL REVOLUCIONARIO HACIA LA SOCIEDAD

12. La admisión de un nuevo miembro, que se ha puesto a prueba a sí mismo no con palabras sino con hechos, puede ser decidida sólo por acuerdo unánime.

13. El revolucionario entra en el mundo del Estado, de la clase y de la llamada cultura, y vive en ella sólo porque tiene fe en su destrucción rápida y total.

Él no es un revolucionario si siente piedad por cualquier cosa en este mundo. Si él es capaz, debe enfrentarse a la aniquilación de una situación, de una relación o de cualquier persona que es parte de este mundo - todo y todos deben ser igualmente odiosos para él. Peor para él si tiene familia, amigos y seres queridos en este mundo; él no es revolucionario si puede detener su mano.

14. Con el objetivo de la destrucción despiadada el revolucionario puede, e incluso a veces tiene, que vivir dentro de la sociedad, mientras pretende ser muy distinto de lo que es. El revolucionario debe penetrar en todas partes, entre todos los más bajos y las clases medias, en las casas de comercio, la iglesia, las mansiones de los ricos, el mundo de la burocracia, el ejército y de la literatura, la Sección Tercera [Policía Secreta] y hasta el Palacio de Invierno.

15. Todos los de esta sociedad podrida deben ser divididos en varias categorías: la primera categoría incluye aquellos a ser condenados de inmediato a la muerte. La sociedad debe componer una lista de estas personas condenadas en orden del daño relativo que pueden hacer al progreso exitoso de la causa revolucionaria, y por lo tanto en el orden de su eliminación.

16. En la elaboración de estas listas, y de decidir el orden antes mencionado, el principio rector no deben ser los actos individuales de villanía cometidos por la persona, ni siquiera por el odio que provoca entre la sociedad o el pueblo. Esta villanía y odio, sin embargo, pueden hasta cierto punto ser útiles, ya que ayudan a incitar a la rebelión popular. El principio rector debe ser la medida del servicio que la muerte de la persona le hará necesariamente a la causa revolucionaria.

Por lo tanto, en primera instancia deben ser aniquilados todos aquellos que son especialmente dañinos para la organización revolucionaria, y cuya muerte repentina y violenta también inspirará el temor más grande en el gobierno y, al privarlo de sus figuras más enérgicas e inteligentes, romperá su fuerza.

17. La segunda categoría debe constar de aquellos que se les concede un respiro temporal para vivir, con el único fin de que su comportamiento ridículo conduzca al pueblo a la rebelión inevitable.

18. A la tercera categoría pertenecen una gran cantidad de ganado de alto rango, o personajes distinguidos ni por ninguna inteligencia en particular ni por energía, pero que, debido a su posición, disfrutan de la riqueza, las conexiones, la influencia y el poder. Deben ser explotados en todas las maneras y formas posibles; deben ser enredados y confundidos, y, cuando nos hayamos enterado de todo lo que podamos acerca de sus secretos sucios, debemos convertirlos en nuestros animales de carga, como si fueran simples bueyes del campo. Su poder, conexiones, influencia, oro y energía se convierten así en una mina inagotable, y una ayuda eficaz para nuestras empresas diversas.

19. La cuarta categoría se compone de personas con ambiciones políticas, y liberales de diversos matices. Con ellos podemos conspirar de acuerdo con sus propios programas, pretendiendo que estamos siguiéndolos a ciegas, mientras que en realidad estamos tomando el control de ellos, erradicando todos sus secretos y comprometiéndolos al máximo, de modo que estén irreversiblemente implicados, y puedan ser empleados para crear desorden en el Estado.

20. La quinta categoría está compuesta por doctrinarios, conspiradores, revolucionarios, todos aquellos que se dan a las estupideces en borracheras, ya sea ante el público o por escrito. Deben ser continuamente incitados y obligados a hacer declaraciones violentas de intención práctica, como resultado del cual la mayoría desaparecerán sin dejar rastro, y el aumento verdadero revolucionario se devengará a partir de unos pocos.

21. La sexta, y una categoría importante, es esa de las mujeres. Deben dividirse en tres tipos principales: en primer lugar, las mujeres frívolas, irreflexivas y tontas que podemos usar como usamos la tercera y cuarta categorías de los hombres; en segundo lugar, las mujeres que son ardientes, dotadas y dedicadas, pero que no pertenecen a nosotros, ya que aún no han alcanzado un entendimiento revolucionario práctico, desapasionado y verdadero: éstas deben ser utilizadas como los hombres de la quinta categoría; y, por último quedan las mujeres que están con nosotros por completo, es decir, que han sido completamente iniciadas y han aceptado nuestro programa en su totalidad. Debemos considerar a estas mujeres como el más valioso de nuestros tesoros, de cuya asistencia no podemos prescindir.

LA ACTITUD DE NUESTRA SOCIEDAD HACIA EL PUEBLO

22. Nuestra sociedad tiene un sólo objetivo – la total emancipación y felicidad de las personas, es decir, los trabajadores comunes. Pero, convencidos de que su emancipación y consecución de esta felicidad sólo puede realizarse por medio de una revolución popular de destrucción total, nuestra sociedad empleará todo su poder y todos sus recursos a fin de promover una intensificación y un aumento de esas calamidades y horrores que finalmente deberán agotar la paciencia del pueblo, y conducirlo a un levantamiento popular.

23. Por "revolución popular" nuestra sociedad no quiere decir que es un movimiento regulado en el modelo clásico francés - un movimiento que siempre ha sido restringido por la noción de la propiedad y el orden social tradicional de nuestra así llamada civilización y moralidad, que hasta ahora siempre se limitó a la destrucción de una estructura política meramente para sustituirla por otra, y se ha esforzado de esta manera para crear el llamado Estado revolucionario. La única revolución que puede salvar a la gente es una que elimine a todo el sistema estatal, y extermine a todas las tradiciones estatales del régimen, y a las clases en la Tierra.

24. Por consiguiente nuestra sociedad no tiene la intención de imponer al pueblo una organización desde arriba. Cualquier organización futura, sin duda, irá tomando forma a través del movimiento y la vida de nuestro pueblo, pero eso es una tarea para las generaciones futuras. Nuestra tarea es la destrucción sin piedad, universal, total, terrible.

25. Por lo tanto, en acercarnos a la gente, tenemos que aliarnos sobre todo con los elementos de la vida popular que, desde la fundación misma del poder estatal de Moscú, nunca han dejado de protestar, no sólo en palabras sino en hechos, contra todo lo directamente o indirectamente relacionado con el Estado: contra la nobleza, contra la burocracia, contra los sacerdotes, contra el mundo de los gremios de comerciantes y contra el pirata de tierras paleto, tacaño. Pero vamos a aliarnos con el intrépido mundo de los bandoleros, que son los únicos revolucionarios verdaderos de Rusia.

26. El entrelazar este mundo en una sola fuerza invencible y de destrucción total – ese es el propósito de toda nuestra organización, nuestra conspiración, y nuestra tarea.


Manifiesto Ateísta

Es difícil decir cuando el pensamiento humano primero concibió de la existencia de Dios. Pero una vez después de concebirlo, procedió a rechazarlo. Posiblemente el rechazo de Dios ocurrió inmediatamente después de la primera concepción de éste, del primer reconocimiento de su existencia. En todo caso, el rechazo de Dios es muy antiguo, y las semillas de incredulidad aparecieron muy temprano en la historia de la humanidad. En el curso de varios siglos, sin embargo, estas semillas modestas de ateísmo fueron estranguladas por las venenosas ortigas del teísmo. Pero el esfuerzo del pensamiento y sentimiento humano para la libertad es muy grande para no prevalecer. Y de hecho ha prevalecido. Bajo sus presiones todas las religiones han ampliado sus horizontes, flexibilizando un punto tras otro y despojándose de mucho que sólo una generación atrás se consideraba indispensable. La religión, tratando de preservar su existencia, ha hecho varios compromisos, amontonando una absurdidad sobre otra, combinando lo incombinable.

Las ingenuas leyendas acerca de los orígenes de la Tierra, leyendas creadas por la pastoral popular en los albores de la vida, fueron emitidas fuera y relegadas a la mitología de ‘libros sagrados’. Bajo la presión de la ciencia, la religión repudió al Diablo y repudió la personificación de la deidad. En cambio, ahora Dios se revela Él mismo a nosotros como la Razón, Justicia, Amor, Misericordia, etc. etc. Ya que era imposible salvar los contenidos de la religión, el hombre preservó sus formas, sabiendo muy bien que las formas darían forma a cualquier contenido que fuera puesto en éstas.

Todo el supuesto llamado progreso de la religión es nada sino una serie de concesiones a la voluntad, pensamiento y sentimiento emancipado. Sin sus ataques persistentes, la religión hasta este día hubiese preservado su carácter original crudo e ingenuo. El pensamiento, además, logró otros triunfos también. No sólo obligó a la religión a volverse más progresiva, o, más preciso, el dar a luz a nuevas formas, sino que también tomó un paso independiente creativo, moviéndose cada vez más audazmente hacia un ateísmo abierto, militante.

Y nuestro ateísmo es ateísmo militante. Nosotros creemos que es hora de empezar una lucha abierta, despiadada con todos los dogmas religiosos, como quiera que se llamen, sea lo que sea de sistemas filosóficos o morales que esconda su esencia religiosa. Pelearemos contra todos los intentos para reformar la religión o para contrabandear los conceptos anticuados de épocas pasadas al bagaje espiritual de la humanidad contemporánea. Encontramos a todos los dioses igualmente repulsivos, ya sean sanguinarios o humanitarios, envidiosos o bondadosos, vengativos o perdonadores. Lo que es importante no es qué clase de dioses son sino simplemente que son dioses –esto es, nuestros señores, nuestros soberanos –y que amamos nuestra libertad espiritual muchísimo como para hacer reverencia ante ellos.

Por lo tanto somos ateos. Debemos cargar audazmente nuestra propaganda de ateísmo a las masas trabajadoras, para quienes el ateísmo es más necesario que para cualquier otro. No tememos al reproche que por destruir la fe de la gente estamos jalando la base moral de debajo de sus pies, un reproche pronunciado por ‘los amantes de las personas’ que mantienen que la religión y la moral son inseparables. Nosotros afirmamos, por el contrario, que la moralidad puede y debe ser libre de cualquier atadura con la religión, basando nuestra convicción en las enseñanzas de la ciencia contemporánea sobre la moralidad y la sociedad. Sólo mediante la destrucción de los viejos dogmas religiosos podemos lograr la gran tarea positiva de liberar el pensamiento y el sentimiento de sus viejos y enmohecidos grilletes. ¿Y qué mejor puede romper tales cadenas?

Nosotros mantenemos que no hay ideas objetivas tanto en el Universo existente o en la historia pasada de los pueblos. Un mundo objetivo es absurdo. Los deseos y aspiraciones pertenecen sólo a la personalidad individual, y nosotros ubicamos al individuo libre en la esquina principal. Debemos destruir la vieja moralidad repulsiva de la religión que declara: ‘Haz bien o Dios te castigará’. Nosotros nos oponemos a esta negociación y decimos: ‘Haz lo que pienses que sea bueno sin hacer ofertas con nadie sino sólo porque es bueno’. ¿Es esto sólo realmente trabajo destructivo?

Tanto amamos la personalidad humana que debemos por lo tanto odiar a los dioses. Y por lo tanto somos ateos. La vieja y difícil lucha de los trabajadores por la liberación de la mano de obra puede continuar aún más. Los trabajadores puede que tengan que trabajar aún más de lo que han tenido, y sacrificar su sangre a fin de consolidar lo que ya se ha ganado. A lo largo del camino, los trabajadores sin duda experimentarán nuevas derrotas y, peor aún, desilusión. Por esta misma razón deben tener un corazón de hierro y un espíritu poderoso que pueda resistir los golpes del destino. ¿Pero puede un esclavo realmente tener un corazón de hierro? Bajo Dios todos los hombres son esclavos e insignificantes. ¿Y pueden los hombres poseer un espíritu poderoso cuando caen de rodillas y se postran, como lo hacen los fieles?

Por lo tanto debemos ir a los trabajadores y tratar de destruir los vestigios de su fe en Dios. Le enseñaremos a pararse orgulloso y derechos como corresponde a los hombres libres. Le enseñaremos a buscar ayuda sólo de ellos mismos, en su propio espíritu y en la fuerza de organizaciones libres. Estamos difamados con la acusación que todos nuestros mejores sentimientos, pensamientos, deseos y actos no son nuestros, no son experimentados por nosotros, sino de Dios, son determinados por Dios, y que no somos nosotros sino un mero vehículo cargando la voluntad de Dios o del Diablo. Queremos asumir la responsabilidad para todo sobre nosotros mismos. Queremos ser libres. No queremos ser marionetas o títeres. Por lo tanto somos ateos.

Las religiones reconocen su incapacidad para sostener la creencia del hombre en el Diablo, y están rechazando a esta figura ya desacreditada. Pero esto es inconsistente, porque el Diablo tiene el mismo derecho de existir que Dios –esto es, ninguno en lo absoluto. La creencia en el Diablo fue una vez muy fuerte. Hubo un tiempo cuando el demonismo tenía una influencia exclusiva sobre las mentes de los hombres, sin embargo ahora esta figura amenazante y tentadora de la humanidad ha sido transformado en un insignificante diablo, más cómico que espantoso. La misma suerte debe también caer en su hermano de sangre –Dios.

Dios, el Diablo, fe –la humanidad ha pagado por estas palabras horribles con un mar de sangre, un río de lágrimas y un sufrimiento interminable. ¡Suficiente de esta pesadilla! El hombre debe finalmente arrojar el yugo, debe ser libre. Tarde o temprano ganará el trabajo. Pero el hombre debe entrar en la sociedad de la igualdad, hermandad y libertad listo, y espiritualmente libre, o por lo menos libre de la divina basura que se ha aferrado a éste por miles de años. Nos hemos sacudido este polvo venenoso de nuestros pies, y somos por lo tanto ateos.

Ven con todos nosotros los que amamos al hombre y la libertad, y odiamos a los dioses y la esclavitud. ¡Sí, los dioses están muriendo! ¡Que viva el hombre! –Unión de Ateos.

Fuente original: Soiuz Ateistov, ‘Ateisticheskii manifest’, Nabat (Kharkov), 12 de mayo 1919, p. 3., tomado de: Los Anarquistas en la Revolución Rusa, editado por Pablo Avrich, Imprenta de la Universidad de Cornell, 1973.


Miguel Bakunin: “Fundador del Nihilismo y apóstol de anarquía”. – Herzen.

Miguel Bakunin nació en 1814 y vino de una familia grande y rica en Rusia. Aún desde temprana edad la naturaleza rebelde personal de Bakunin y punto de vista lo puso en contradicción con la clase dominante de la cual surgió aunque a la misma vez él nunca se identificó verdaderamente con las masas proletarias tampoco. Bakunin quería acción, ponía al movimiento sobre el pensamiento pasivo pero esto era su atractivo porque engranó tan bien con el ambiente revolucionario de su época. En otro tiempo o lugar Bakunin simplemente hubiese sido clasificado como un elemento marginal pero por la evolución rápida del panorama social y político del siglo 19 se convirtió en un ícono y en una leyenda. El rumor y mito sobre sus fugas de la policía secreta y su propia predica de acción directa crearon un aura del revolucionario sobrehumano, cumpliendo con la necesidad de la época por un líder y héroe aún si sus andanzas actuales no cumplieron con satisfacer los mitos a su alrededor.

La Filosofía de Bakunin

Aún en ese tiempo Bakunin era a menudo difícil de describir y aún más difícil de categorizar ideológicamente dentro del contexto de sus contemporáneos, revolucionarios y otros grandes pensadores del siglo 19. Bakunin aprendía del proceso en lugar de la realización en la vida, si el proceso tenía o no objetivo no era tanto la cuestión como el acto mismo, “las cosas terminadas eran una fuente de cansancio para él”. [Lampert (1957), pág. 123]

Bakunin realmente nunca conectó con ninguna de las ideologías de su tiempo, sólo veía oportunidades o para su propio progreso o para la revolución pura, desde abajo, que deseaba que ocurriera. Destrucción, acción y revolución como una forma de vida fueron temas primarios que surgieron. Bakunin fue tan lejos como para definir destrucción como la fuerza motriz de la historia. Declaraciones simples pero poderosas eran típicas de Bakunin y de hecho éste era el atractivo.

Preservando el paradigma de destrucción, el análisis por Bakunin de Hegel fue extraordinario:

Bakunin argumenta que la dialéctica rechaza ambos, aquéllos cuyo ideal está en el pasado (la integridad primitiva, como la fuente dialéctica de las divisiones del presente, no puede ser recuperada), y aquéllos que buscan un término medio entre extremos. Ningún compromiso es posible: ‘toda la esencia, contenido y vitalidad de lo negativo consiste en la destrucción de lo positivo’: sólo así las divisiones pueden ser resueltas en una ‘nueva, afirmativa y orgánica realidad’. [Kelly (1987), pág. 93-94]

Organizando y Acción Directa

Bakunin tenía poco interés en los matices y detalles de la organización revolucionaria y política porque pensaba que sólo contenían su energía en vez de magnificarla y también porque no podía enfocarse o mantenerse en una tarea por mucho tiempo para llevar a una organización hacia una meta. Bakunin no era un Lenin. Pero esto no quiere decir que no trató de organizar una revolución y luego tratar de nuevo porque él siempre quiso ver la revolución suceder delante de sus ojos, ¡aún si no tenía idea de cómo llevarla a cabo realmente! Bakunin carecía de habilidades de planificación y organización tanto como tenía un exceso de celo revolucionario y una capacidad ilimitada para hacer discursos motivacionales.

Después de muchos comienzos en falso Bakunin finalmente encontró la acción que quería en Dresde en mayo del 1849 donde se congració en la resistencia local y peleó con las tropas Prusianas. Pero a pesar de sus mejores esfuerzos las fuerzas rebeldes fueron superadas en número sin esperanza y eventualmente el gobierno Sajón arrestó a Bakunin. Después de ser transferido de una prisión a otra los gobiernos finalmente llegaron a un acuerdo y Bakunin fue enviado fuera a la temida fortaleza de Pedro y Pablo en Rusia. Bakunin fue encarcelado y luego exiliado a Siberia por diez años. Una sentencia larga lo rompió físicamente pero no mentalmente.

Después de una increíble confluencia de casualidad y oportunidad en 1861, Bakunin logró escapar en un barco a Japón y luego a San Francisco terminando eventualmente de vuelta en Europa. Bakunin volvió a lo que mejor sabía hacer –tratar de suscitar la acción revolucionaria, en algún lugar, en cualquier sitio aún si más que antes de su largo encarcelamiento careciera de conexiones a fondo a la verdadera planificación revolucionaria en las calles.

Nechayev y Bakunin

En 1869 un misterioso ruso llamado Sergei Nechayev se reunió con Miguel Bakunin. Los dos inmediatamente encontraron un uso para cada uno en medio de su deseo colectivo para fomentar la revolución dentro de Rusia –una tarea de enormes proporciones que había hasta ahora eludido los mejores esfuerzos de Bakunin. Pero Nechayev era un hombre muy astuto y Bakunin era a menudo ingenuo y confiado, cegado por su propio entusiasmo –surgieron problemas. Nechayev por su parte probablemente nunca tuvo ninguna ilusión en cuanto a su propio objetivo y se mantenía callado dejando que Bakunin fuera el que hablara.

Nechayev y Bakunin parecía que se complementaban el uno al otro en atributos, uno era un gran orador, el otro no, uno un formidable conspirador en donde el otro no lo era, pero al final el punto de vista egoísta de Nechayev sobre la revolución acoplado con la credulidad de Bakunin los llevó a una caída y los dos partieron en términos hostiles sin ningún éxito notable revolucionario pero todavía atrayendo la tensa atención de la policía secreta.

Marx frente a Bakunin

Tratar de encajar a Bakunin en el esquema más amplio de la filosofía política es un reto porque escribió muy poco y sus propios puntos eran a menudo una confusa mezcla de ideas de otros y sus propias interpretaciones. Una comparación de Karl Marx y Miguel Bakunin es interesante en los caminos muy diferentes que dos pensadores con diferentes personalidades tomaron al analizar y tratar de resolver los problemas de su día y para luego dirigirlo a la acción revolucionaria. Bakunin no era un teórico o un planificador como Marx, más bien era un promotor del proceso de acción aún sin importar el resultado o el efecto final. “Era por naturaleza un solipsista, a pesar de todo su gregarismo superficial y su posterior defensa del anarquismo anti-individualista, y el mundo existía según él para el ejercicio de la libertad personal y la acción creativa”. [Lampert (1957), pág. 123]

Ateísmo

Aunque pudo haber tenido discusiones privadas que lo colocaban más en la categoría agnóstica, su mensaje público fue uno consistente de ateísmo acérrimo afirmando una vez que “Si Dios realmente existiera tendría que ser necesario el abolirlo”. El credo individualista de Bakunin también influenció a los anarquistas rusos que le siguieron así como formas más modernas de anarquismo individual, libertario. Bakunin murió en el 1876 pero la revolución continuó. Su principal trabajo sobreviviente es el libro Dios y el Estado, un potente conjunto de ideas y reflexiones sobre historia, revolución, religión y autoridad.

Influencia Adicional

Aunque su participación directa en actividades revolucionarias fue limitada, Bakunin tuvo un impacto mucho mayor en las ideas contemporáneas y hasta en las futuras. Las palabras destructivas de Bakunin influenciaron a los nihilistas en los años 1860 caracterizados por la revolución del barrido y dejado en limpio. “…los rebeldes modernos creen, como creyeron Bazarov, Pisarev y Bakunin, que el primer requisito es el barrer y dejar en limpio, la destrucción total del sistema actual; el resto no es su problema. El futuro debe encargarse de sí mismo. Mejor la anarquía que la prisión; no hay nada entre medio”. [Berlin, p. 301] Y a pesar de las faltas organizativas de Bakunin se está de acuerdo de que fue en realidad una persona generosa y muy amistosa y para todas sus exhortaciones a la violencia como su más famosa máxima “El deseo de destruir es también un deseo creativo”, no era a las personas a las que se dirigía tanto como a las instituciones actuales de opresión.

– octubre, 2004

Referencias

  • Berlin, Isaías, Pensadores Rusos, Imprenta Viking 1978.

  • Kelly, Aileen, Miguel Bakunin: Un Estudio en la Sicología y Políticas del Utopismo, Oxford, 1987.

  • Lampert, E., Hijos contra Padres – Estudios en Radicalismo y Revolución Rusa, Oxford en la Imprenta de Clarendon, 1965.

  • Lampert, E., Estudios en Rebelión, Routledge & Kegan Paul Ltd., 1957.

  • Masters, Antonio, Bakunin: El Padre del Anarquismo, Imprenta Repaso Sabatino NY, 1974.

  • Riasanovsky, Nicolás V., Una Historia de Rusia, Nueva York, Imprenta de la Universidad de Oxford, sexta edición, 2000.

“Lo que puede ser quebrantado, debe ser quebrantado”.
- Dmitrii Pisarev, portavoz nihilista y crítico literario ruso del siglo 19.
 

   

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Traducción: C. Miranda
Actualización: Septiembre, 2009
Creada: 2003